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Momoko Sudo: el silencio del paisaje
Written by Eduard Reboll
El zen, rama del budismo instruida por Bodhidharma, se apoderó
de las artes en Japón bajo la plasmación de la mística en todo lo
relacionado con la Naturaleza: desde la construcción de los objetos
hasta la organización de una casa, o algo tan simple como la ceremonia
del té, o la arquitectura de un haiku. Una especial sensibilidad
a la hora de proyectar la línea y una mirada serena sobre la abstracción
del paisaje son dos de las peculiaridades a destacar en la obra
de Momoko. El resultado es una obra llena de lirismo y espiritualidad
que sigue la tradición sin olvidar una nueva mirada con referencia
al paisaje interior
La línea es el elemento gráfico donde aparece el cuerpo de la idea.
La utilizamos para describir el dolor o la felicidad de los contornos.
Para interpretar la dirección del trazo y fijar su límite en la
hoja. En el arte figurativo su voz es segura y finita. En la abstracción
puede fluir y no tener necesariamente ni principio ni final. Puede
venir o posarse, aparecer o simplemente huir con lentitud. Reunirse
en otras de su misma especie y constituir por ejemplo una sombra
en la obra. Así se organizan las líneas en la obra de Momoko. Su
concepto parte de una meditación sobre algún paisaje interior que
está sin definir y que se va concretando a medida que la reunión
de las mismas se establece. Según las abra, la luz de sus jardínes
se expande; cuando las junta, lo sinuoso produce unos relieves que
vistos desde la altura parecen dunas como las del papel de un sismógrafo.
Dunas perfiladas desde un aeroplano, como si fuese Saint Exupery
quien las describiera. Surcos de un rastrillo. Arenisca fina de
una playa. Líneas onduladas y húmedas que dejan las olas al regresar
su espuma al océano.
La noche, como si fuera la mano de una niña quien la dibujara,
también está presente en mucho de sus fondos. Unas veces negra y
apacible, otras en azul pálido sobre el trazo. Lucio Fontana parece
que la cautiva cuando en algunos de sus lienzos una apertura sinuosa
se abre en medio de la obra. La oscuridad, entonces, se apodera
de nosotros y la atención se dirige hacia lo ignoto. Pero su insinuación
no es cruel o incisiva como la del maestro italo-argentino, sino
más bien funciona como una gruta o una cortina, mas ligada a la
sensualidad que al enigma.
Pero si hay un deudor en su línea de trabajo es con Jesús Soto,
aunque no me inclinaría hablar de op-art en su obra sino más bien
de un minimalismo cercano a la poética del silencio. Mas que el
juego con la geometría espacial que tanto encumbró a este artista
venezolano por sus efectos visuales y la participación del espectador
en su obra, es la geometría euclidiana la que parece motivar a Momoko
cuando analiza sus efectos bi-tridimensionales en el plano. Se adentra
en otro juego que no es la superposición formal sino el efecto apacible
que produce la reunión de este signo delicado y sutil llamado línea.
La belleza de la nada puede aparecer en el propio silencio que
emite una mirada hacia la quietud sinuosa de un hilo. El tejido,
desunido con la misma serenidad como si de su propia mano se tratase,
va creando un horizonte de dunas que se expanden o se contraen a
lo largo de un marco imaginario. No hay línea de contorno porque
es la suma de estas la que configura la idea. En sí no son trazos
ya que apenas hay variación en la intensidad o espesor de la línea.
Son una fuente de grafismos que según el recorrido se curvan delicadamente
para acentuar una colina o se abren con ternura para sugerir un
viraje hacia un agujero o hacia un fondo de tierra.
El concepto decoración ha tenido mala fortuna en el ámbito de la
crítica desde que la separación entre arte y artesanía apareciera
en la palestra. Pero la escuela Bahaus intentó unir ambas para que
fuera la primera la fuente inicial de la segunda. La obra de Momoko
se expone hoy en día en las mejores tiendas de mobiliario de Miami,
junto a las piezas de diseño interior de muebles, lámparas o utensilios.
Son obras para el hogar: cálidas, ligeramente cinéticas, aptas para
la luz ambiental o nocturna. Para compartir el burdeos en una buena
copa o resguardando la calidez de una cena, bajo el mínimo cinetismo
que dar ver alguna de sus obras desde la distancia.
Si hubiera que definirla poéticamente en una suma de palabras yo
no descartaría… ríos, sosiego de hojas, camino, versos blancos,
liviana, surcos de jardín o simplemente una pintura de recorridos
sobre un aire; quizás el mismo que sacude a su alrededor cada vez
que en sus lienzos se origina una lluvia de líneas que conforman
un paisaje.
www.MomokoSudo.com
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